El Amigo Árbol

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Yo soy tu amigo y te digo: por favor, no me hagas daño;
mas, si es necesario, sea, pero sólo el necesario.

Estoy para darte frutos, tal vez solamente pájaros,
sombra, si la necesitas, rumor, si te gusta el cántico.

Algún día podré ser  la ventana de tu cuarto,
la mesa para tu pan, la mecedora, tu arado,
la ayuda de tu jornal o el lecho de tu descanso.

Cuando cantas una nana, yo, de cuna, estoy cantando;
a veces crujen mis ramas para acompañar el canto.

Tal vez, si llegas a viejo, me necesites de báculo.
Puede ser que en los inviernos, cuando haya nieve en el campo,
mis brazos les den calor a los tuyos y a tus manos.

Y yo he de ser, aunque es triste el tener que recordarlo,
el último compañero que te llevará en sus brazos.

Siendo más fuerte que tú y en completo desamparo
a los fríos del invierno y a las llamas del verano,
si me ofendes, no te ofendo, si me dañas, no te daño,
si me tiras, no me quejo al contrario:
cuántas veces y eso que lo diga el sándalo,

el cuchillo que me hiere lo devuelvo perfumado.

¿Qué te hacen falta mis frutos? Yo te los doy de buen grado.
¿Qué te hacen falta mis ramas? Corta, por tanto, mis brazos.
¿Qué necesitas mi tronco? No te apene el derribarlo.
Para tu servicio crezco y para tu bien me abato.
A cambio, sólo te pido: por favor, no me hagas daño;
mas, si es necesario, sea, pero sólo el necesario.

¿Qué estorbo en un sitio? Piensa, antes de darme el hachazo,
hasta qué punto es verdad que puede estorbar un árbol.

¿Tienes que cortar dos ramas? Por favor, no cortes cuatro.
Que si el daño que me haces, cuando es por tu bien, no es daño,
y no sólo en paz lo acepto sino con placer lo paso,
el que me haces sin causa ese sí que me hace daño.

Yo soy tu amigo y te digo: por favor, no me hagas daño;
mas, si es necesario, sea, pero sólo el necesario.

Manuel Benítez Carrasco

(Poeta Andaluz. 1922-1999)

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