Diez estrategias para utilizar la tecnología de forma consciente

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Los expertos aconsejan cuestionarse qué herramientas de comunicación añaden valor a nuestra vida y cuáles se lo restan.
Por Rocio Carmona

¿Recuerda la última vez que mantuvo una larga conversación con otra persona sin echar miradas furtivas a la pantalla de su teléfono móvil? ¿O la última ocasión en que disfrutó de una actividad excitante con amigos o con la familia sin necesidad de documentarla y de colgarla en las redes? ¿Ha salido de casa recientemente sin su smartphone en el bolso, en la mano o en el bolsillo? ¿Cada cuántos minutos lo consulta?


Existe un movimiento silencioso, aunque cada vez más extendido, de personas que se relacionan con la tecnología de forma distinta. Son los hoy llamados minimalistas digitales, un grupo de individuos que no experimentan el FOMO (fear of missing out, el miedo a perderse algo) cuando se desconectan del teléfono móvil o de las redes sociales. Personas que resisten a la tentación de consultar su teléfono en cada semáforo, en cada trayecto de transporte público o cada día al despertar.


Carl Newport habla de este movimiento en su nuevo libro, Digital Minimalism, en el que propone una suerte de método de desintoxicación digital de treinta días de duración. Aunque la tecnología, advierte Newport, no es intrínsecamente buena ni mala: la clave es utilizarla de forma consciente y no dejarnos usar por ella. Para este profesor de computación, el minimalismo digital es una filosofía que ayuda a cuestionarnos qué herramientas de comunicación digital añaden valor a nuestra vida y cuáles se lo restan.

  No se trata de estar contra la tecnología sino a favor de utilizarla lo justo.

Gabriel García de Oro, director creativo ejecutivo de la agencia publicitaria Ogilvy en Barcelona, afirma que el minimalismo digital es una tendencia que ha llegado para quedarse: “Cada vez hay más personas que deciden desconectar para conectar, marcas, incluso, que promueven el no-uso de sus dispositivos y que tienen como misión que la gente se dé cuenta de que está enganchada. En este contexto, es un hito que Apple decida enviarte un resumen semanal del uso de tu dispositivo, como un espejo que devuelve que, tal vez, dedicas demasiadas horas a las redes sociales”.

La realidad es que, ciertamente, les dedicamos demasiadas. En un libro de Tanya Goodin, leemos cifras de vértigo: se estima que tecleamos y clicamos en nuestros dispositivos una media de 2.617 veces al día. Consumimos 5 veces más información que en 1986 y un 40% más que en 2013.


El uso de los smartphones se ha doblado en los últimos tres años, lo que quiere decir que pasamos una media de tres horas al día frente a la pantalla del teléfono. Ante esta realidad, empiezan a ser frecuentes propuestas como los retiros de desintoxicación digital, en los que los participantes buscan los beneficios de estar desconectados unos días, o el llamado ‘sabbath’ digital, en el que se toma la costumbre judía de descansar el sábado aplicándola en este caso a los dispositivos móviles y ordenadores.

  En busca de la desintoxicación, no de la desconexión.

¿Es, pues, descanso, lo que busca un minimalista digital? Para el publicista García de Oro, lo que persiguen estas personas es huir de la adicción. De las alertas constantes, de las notificaciones. Y, claro, lo que desean es conectar, re-conectar. Silencio. El silencio, el espacio, el tiempo y el aburrimiento; las bases de cualquier actividad creativa. Supongo que en el fondo buscan volver a la esencia de lo digital, que era para estar más cerca, no más lejos. Sus relaciones son, entonces, más de uso. No de adicción. ¿Necesito esto realmente? Lo hago y apago. Naturalidad. Tampoco es una desconexión total sino un gesto natural”.


En este sentido, Lola Mayenco explica: “Ser una minimalista digital me permite ser más efectiva en mi profesión y estar más presente en mi vida personal. He notado que la interrupción constante de la tecnología reduce mi concentración y hace que tarde mucho más en terminar una misma tarea”.


Algunas estrategias para seguir la senda de los minimalistas digitales y empezar a utilizar la tecnología de un modo más consciente, según los expertos consultados, pueden ser:

  • 1. Limitar al máximo el número de apps, perfiles sociales y páginas web que consultamos: sólo dejar los que nos aportan algo fundamental. Darnos cuenta de cuáles nos sirven solo para distraernos, interrumpirnos o hacernos perder el tiempo, y eliminarlas.
  • 2. Concretar exactamente cuándo y cuánto tiempo vamos a dedicar nuestra atención a aquellas webs, apps y perfiles que nos parecen esenciales. Si nos damos cuenta de que estamos sobrepasando nuestros propios límites, usar alguna aplicación para bloquear temporalmente el móvil, como por ejemplo Freedom.
  • 3. Apagar las notificaciones , para evitar el impulso de hacer click de manera inconsciente.
  • 4. Tener la pantalla del móvil en blanco y negro, para hacerlo más aburrido.
  • 5. No usar Google Maps para llegar a los sitios. Consultar el mapa antes de salir, hacer un croquis y preguntar a los paseantes en caso de duda.
  • 6. No usar el móvil, el iPad o el ordenador tres horas antes de acostarnos, para dormir mejor y para dedicar más tiempo de calidad a las personas con las que convivimos.
  • 7. Redactar una nota secreta. Una de las cualidades más adictivas del mundo digital es, como explica Tanya Goodin en Off, lo que los psicólogos denominan “recompensas invisibles”. Como no sabemos cuándo llegará el próximo mensaje, texto o “me gusta”, consultamos la pantalla compulsivamente a la espera del subidón de dopamina que experimentamos cuando recibimos uno. Y es que recibir algo inesperado nos produce un gran placer..
  • 8. No usar el móvil los fines de semana. Guardarlo en un armario el viernes por la noche y no volverlo a mirar hasta el lunes por la mañana. Evitar el uso del ordenador o el iPad durante los fines de semana y priorizar las actividades de ocio analógicas. Si no podemos permitirnos vivir sin él durante la pausa semanal, plantearnos la posibilidad de comprar un “móvil tonto”, esto es, un aparato que solo permita realizar y recibir llamadas.
  • 9. Preguntar. El acceso fácil a la información en internet ha acabado con muchas conversaciones, además de afectar a nuestra memoria. Ante la menor duda buscamos las respuestas en la Wikipedia o le preguntamos a Siri. Confiemos menos en internet y preguntemos a alguien cuando no sepamos algo. Acudamos al médico en lugar de consultar nuestros síntomas en la red, hablemos con un jardinero para preguntarle qué tipo de planta puede sobrevivir en nuestra ventana y cómo cuidarla..
  • 10. Dibujar una selfie. Se estima que un joven de hoy en día se sacará más de 25.000 selfis a lo largo de su vida. ¿Sabía que cada día se toman más de 93 millones de este tipo de fotos en el mundo? ¿Cuál es la recompensa que obtenemos cuando nos sacamos uno y lo colgamos en una red social con el filtro perfecto? Tanya Goodin propone que nos dediquemos a contemplarnos de verdad y tratemos de dibujarnos tal y como nos vemos. La idea tras esta propuesta es que la creatividad nos ayuda a conectar con nosotros mismos, y dibujar nuestra cara es un ejercicio que facilita especialmente la autocomprensión. Al conectar internamente nos resultará mucho más fácil conectar con los demás, justo lo contrario, afirma Goodin, de lo que sucede en una cultura obsesionada con la selfie y la propia imagen.
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